El Royal Oak que sí necesitábamos

Fernando Aldea

El Royal Oak Chronograph de 38 mm existe desde 2022, pero recién ahora parece completo. Audemars Piguet introduce el calibre 6401, mantiene el grosor bajo control y ajusta detalles estéticos que, aunque mínimos en papel, cambian bastante más de lo que parece en muñeca.

El Royal Oak Chronograph de 38 mm no es nuevo. Lleva un par de años circulando con esa mezcla tan propia de Audemars Piguet entre éxito comercial y discusión técnica. Funcionaba bien, se vendía mejor, pero siempre quedaba la sensación de que algo estaba a medio camino. No en el diseño. En el corazón.

A comienzos de este año la marca decidió hacer lo que probablemente debió hacer desde el principio. Integrar un movimiento acorde. El nuevo calibre 6401 reemplaza la arquitectura anterior y lo hace con discreción, sin convertir el cambio en un espectáculo. Mejora la fiabilidad, entrega 55 horas de reserva de marcha y mantiene un grosor prácticamente idéntico. En relojería integrada eso no es un detalle menor. Es una señal de respeto por la proporción.

La tapa transparente es casi una confesión. Cuando el movimiento vale la pena, se muestra. Y esta vez tiene sentido hacerlo. No porque el calibre busque competir con el virtuosismo decorativo extremo, sino porque por fin hay coherencia entre lo que el reloj promete y lo que efectivamente lleva dentro.

Estéticamente los cambios son sutiles, casi tímidos. El patrón Grande Tapisserie sigue ahí, como debe ser. Los ajustes en la disposición y equilibrio de las subesferas limpian la lectura y le devuelven algo de aire al conjunto. Es el tipo de intervención que desde lejos parece irrelevante, pero desde el diseño industrial se agradece. Son milímetros, contrastes y tensiones visuales que ahora conversan mejor entre sí.

Y luego está el tamaño. Treinta y ocho milímetros. Una cifra que en la práctica significa equilibrio. Para muñecas medianas o pequeñas, como las nuestras, este cronógrafo deja de sentirse como una declaración de poder y empieza a sentirse como un reloj usable. Sigue siendo un Royal Oak, con todo el peso simbólico que eso implica, pero ahora no domina la muñeca, la acompaña.

El precio ronda los USD 43.000. No es una ganga ni pretende serlo. Lo interesante es que, por primera vez en esta referencia, el contenido mecánico y la proporción externa están alineados. No es una revolución. Es una corrección inteligente. Y a veces, en alta relojería, corregir a tiempo es más elegante que lanzar algo completamente nuevo.

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