10:10, la hora en que todos los relojes sonríen

Fernando Aldea

Hay una hora que probablemente hemos visto miles de veces sin prestarle demasiada atención, 10:10. Aparece en campañas, catálogos, vitrinas y fotografías oficiales de prácticamente toda la industria. Lo que comenzó como una decisión estética terminó convirtiéndose en uno de los códigos visuales más reconocibles de la relojería y, desde 2025, incluso tiene un día propio en el calendario.

Abre la página de cualquier manufactura y probablemente encontrarás algo curioso. Da lo mismo si el reloj cuesta cien dólares o cien mil. Si tiene agujas, existe una buena posibilidad de que estén apuntando aproximadamente a las diez y diez. No es una casualidad ni tampoco una de esas antiguas tradiciones relojeras con varios siglos de historia.

La explicación más sencilla es también la más lógica. Funciona visualmente. Con la aguja horaria cerca de las diez y el minutero alrededor de las dos, ambas se separan de forma prácticamente simétrica, dejan libre buena parte de la esfera y enmarcan el nombre de la marca que tradicionalmente encontramos bajo las doce. También evitan esconder demasiada información. Una fecha a las tres, los subdiales de un cronógrafo o los textos de la mitad inferior pueden seguir siendo visibles.

Pero no siempre fue así. Durante las primeras décadas de la publicidad relojera no existía un estándar tan claro. En anuncios de los años veinte y treinta podemos encontrar distintas posiciones, incluyendo las 8:20, que conseguían prácticamente la misma simetría, pero invertida. La posición que conocemos actualmente comenzó a hacerse habitual hacia mediados del siglo XX.

La diferencia entre 8:20 y 10:10 parece pequeña hasta que dejamos de mirar las agujas como agujas. Hacia abajo recuerdan vagamente a una boca triste. Hacia arriba ocurre exactamente lo contrario. Durante años aquello fue simplemente una explicación bastante simpática del fenómeno, hasta que alguien decidió comprobarlo.

En 2017, un estudio publicado en Frontiers in Psychology mostró a distintos participantes relojes configurados a las 10:10, 11:30 y 8:20. Los ejemplares marcando las 10:10 generaron una respuesta emocional más positiva y también una actitud más favorable hacia la compra. Los investigadores encontraron además evidencia de que esa disposición era percibida como algo parecido a una cara sonriente. 

Quizás llevábamos décadas haciendo sonreír a los relojes sin saber exactamente por qué funcionaba.

Como ocurre con casi cualquier regla en relojería, tampoco es necesario que sean exactamente las 10:10. Algunas marcas desplazan ligeramente las agujas dependiendo de la arquitectura de la esfera. Lo importante parece estar en conservar esa composición abierta y ascendente.

Lo curioso es que una decisión nacida fundamentalmente para hacer que un reloj se viera mejor terminó trascendiendo la publicidad. En 2025 se celebró por primera vez el World Watch Day, una iniciativa internacional impulsada por distintas organizaciones del mundo relojero. La fecha escogida fue el 10 de octubre, 10/10, precisamente como referencia a la posición tradicional de las agujas.

Este 2026 será apenas su segunda edición y tendrá como tema “Time as Living Heritage”. Museos, escuelas, marcas, relojeros, coleccionistas y aficionados realizarán actividades alrededor del mundo para celebrar algo que normalmente damos por sentado, nuestra relación con el tiempo. Una buena excusa para que este 10 de octubre miremos un poco más nuestras muñecas, conversemos sobre relojes y celebremos esta afición que compartimos.

Resulta bastante apropiado. La relojería está llena de códigos que repetimos durante décadas hasta olvidar de dónde vienen. Algunos nacieron por necesidad técnica, otros por tradición y unos cuantos simplemente porque alguien descubrió que se veían mejor. Las 10:10 pertenecen a este último grupo. Primero hicieron sonreír a los relojes. Ahora tienen todo un día para celebrarlos.

 

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